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UNA NOCHE SOÑÉ QUE OVIDIO ME HABLABA DE AMOR. 3.- TRASCENDER


Era como si su cuerpo, conectado a su mente, en ese momento, estuviese inundado de miles y miles de vórtices o chakras activos que conformaban un holochakra o cuerpo de energía. Precisamente, su energosoma le indicaba que, él, era la identidad conformada de esa persona que le gustaba desde hacía un tiempo. Le había dicho claramente a Matilde un "Si, me gustas", respondiendo a la inquietante pregunta de ella: "¿Te gusto?"

Julio era su compañero de trabajo desde hacía dos meses. Había entrado a sustituir una baja, de modo que solo había firmado un contrato temporal, renovable, si el otro chico ampliaba dicha baja laboral.

Todo aquello que parecía ser corroborado con la mente, sin embargo, no relucía de modo práctico y en los hechos. El día a día era monótono y aburrido en aquellas oficinas. Y, paradójicamente, ni Julio, ni Matilde, habían cruzado jamás palabra alguna, fuera de los momentos puntuales en los que debían de coincidir para alguna tarea en común o, en aquellos donde se veían casualmente, de lejos, en el bar, saludándose con un escueto "hola", al cruzarse para ir al baño o a la barra.

-Despertará- dijo el doctor mirando de reojo a la enfermera, al tiempo que vigilaba la sonda nasogástrica de la comatosa.


Matilde, dió un vuelco en la cama y se irguió súbitamente hasta haber creído alcanzar con sus manos la infinidad del horizonte inconcluso. Todavía resonaban tales palabras en su conciencia reactivada. Pero ya pertenecían a otro estadio, a un parámetro desconocido que no tardaría en olvidar, transcurridos unos instantes. Sus ojos, parecían mirar hacia ese infinito aunque, en realidad, contemplaban fíjamente el armario ropero que tenían enfrente. Soñar y soñar. Ni Freud, con su teoría onírica cumplida, ni Segismundo, declamando su peculiar monólogo, ni Morfeo, despertando de su sueño mitológico, ni el recuerdo infantil de Blancanieves, dormitando tras mordisquear la manzana, le producían un corte certero en la percepción, capaz de entroncar sus pensamientos con sus máximos deseos de superar a la vigilia recientemente reencontrada. A las cuatro de la mañana se hizo un café con leche. Encendió el ordenador.


"¿Te he despertado, Julio? No fue mi intención. Perdóname. Últimamente no te dejo dormir apenas. ¡Este puto insomnio...!"


"Calla, cariño, no digas eso. A mí no me importa. No pasa nada. Estoy contigo".

El vaso con el café con leche se movió ligeramente en una trayectoria rectilínea de pocos centímetros en dirección al cenicero. El ruido del choque fue bonito. Le pareció un culmen digno del esfuerzo particular, propio de los diez minutos de concentración.

"A mí no me sale todavía"

"Bueno, a mí solamente me sale a veces, nano". ¿Cómo puedes verlo? Yo apenas puedo visualizar si no medito con los ojos cerrados después de perder parte de la conciencia".

Imaginó una cuerda que conectaba su mente con el café con leche, contenido en el vaso de duralex. Al momento, sintió el pulso de energía en la parte superior de su frente.

"Realmente, no quise despertarte. Ha sido un error hablar contigo. Perdóname".

"Te perdono, Mati. ¿Y tú a mí?"

"También. Te perdono también, Julio".


-Esta mujer tiene flujos de sueño rem demasiado prolongados, Catia. Muévele un poco las piernas. ¿Le has inyectado ya la medicación para evitar los trombos?

-No, doctor. Ahora mismo.

-Debería tener una actividad de baja frecuencia y alta amplitud, ¿verdad? En cambio, la frecuencia cardíaca sube en algunos momentos en intensidad.

-Hombre, doctor, teniendo en cuenta que la lesión cerebral no es severa... se pueden entender los altibajos y fluctuaciones...

"¿Sois mi conciencia?"

-Despierta ya, Mati... Despierta... Despierta... Vamos, chica... Soy tu madre...

"Matilde, abre que no te siento..."

"Ha habido un cruce, Julio..."

-Doctor, doctor....

"¿Dónde estás, Julio? No te percibo ahora... Háblame..."

El despertador sonó justo a las siete. Abrió los ojos. Se había quedado traspuesta y, muy triste. Había terminado por rendirse, dormida en el sillón de despacho. Entonces, su mano derecha, empezó a acariciar suavemente el brazo izquierdo, luego, se desplazó hacia su barriguita, más tarde, a sus muslos. Y se abrazó a sí misma. Sabía que era Julio quién la inducía a las caricias.


Tú, no tienes cuerpo físico, mujer. Careces ya de la sede de los cinco sentidos. Tu estado intrafísico te delata por fuera. Es un engaño. No hagas caso. Te reclama tanta dedicación durante tu vida que tiendes a identificarte con él, de tal forma que crees que es tu cuerpo físico lo que pervive cuando, en realidad, solo eres una conciencia.

-¿Abu... abuela? ¿Dónde... dónde estoy?

-En un limbo maravilloso. No tengas miedo. Adáptate y espera. Ahora estás en una percepción. Pero hay otros mundos. Y puedes hacer en ellos lo que quieras. En cada percepción en la que te inmiscuyas.

-Yo quiero la que tenía cuando era adolescente. Era siempre la misma, abuela Hermi.

-¿Acaso te dejas llevar por lo inmediato? ¿No ves que no tienes ojos? Los ojos plausibles son los que nunca te engañarán, tonta.

-Apago la vela ya. Volveremos a hablar. Ayer, te puse luz en la Iglesia. Recé por tí. Quiero despertar. Tengo que ir a la oficina.


El despertador sonó justo a las siete. Abrió los ojos. Se había quedado traspuesta y, muy triste, había terminado por rendirse, dormida. Entonces, su mano derecha, empezó a acariciar suavemente el brazo izquierdo, luego, se desplazó hacia su barriguita, más tarde, a sus muslos. Y se abrazó a sí misma. Sabía que era Julio.

Llega usted diez minutos tarde. Ya tiene una advertencia. A la tercera, la despediré. Procure tener cuidado porque estoy sumamente contento con su labor.

-De... de acuerdo.

-Hágame fotocopias del balance de la reunión con Cobert.S.A. Joder, estos americanos, me la traen floja. No me importa que no salga adelante la operación...

-Presióneles. O, quizá, pueda demostrarles quién controla la zona norte de España...

-No hablaba con usted. Hablaba solo.

-Ah, perdone. Sigo con las fotocopias.

-Pues eso...

(Esta tía parece que me adivine el pensamiento, no me gusta que sea tan perspicaz. Precisamente, eso iba a hacer con ellos. ¡La hostia, qué inoportuno y qué incómodo...!) -le oyó musitar casi en voz alta, aunque no moviera los labios.

-Hola, Julio.

-Hola, Matilde. ¿Qué tal? ¿Ya tienes las fotocopias hechas? Me las reclama don Anselmo.

("Si, julio, cariño, las tienes encima de la estantería azul")

-¿Qué? No me has respondido.

-Disculpa. Encima de la estantería azul.

-Hasta luego... "(Adiós, cariño. Mati, ¿hablamos esta noche?")

-Hasta ahora... ¡Espera...una cosa...! ¿Te vienes a almorzar?

-No puedo, tengo trabajo atrasado.

-Ah...

("Serás cerdo... ¿por qué no me demuestras en la realidad lo que sientes por mí?")

("Tranquila, pequeña, no te preocupes, te quiero. Hablamos esta noche y te lo explico todo...") -Le dijo telepáticamente tras haber doblado hacia el pasillo.



-Pequeña... mi pequeña... despierta. Te estamos esperando... Soy mamá...

-Tú no vives ya mamá, recuerdo tu entierro. Lleno de flores y de plañideras de pueblo.

-Hija... pero... hija...

-¡Vete de aquí! ¡Largo! Solo hablaré con la abuela cuando venga a visitarme desde la otra dimensión.


El despertador, sonó justo a las siete. Abrió los ojos. Se había quedado traspuesta y, muy triste, había terminado por derrumbarse, dormida. Entonces, su mano derecha, empezó a acariciar suavemente el brazo izquierdo, luego, se desplazó hacia su barriguita, más tarde, a sus muslos. Y se abrazó a sí misma. Sabía que era Julio quien la inducía a las caricias.


El bar estaba repleto de trabajadores de la plantilla de aquella fábrica de material y accesorios para ascensores.

Cuando los dos enamorados se miraban, resurgía inapelablemente una sonrisa de complicidad que no hacía más que ruborizar la superficie de sus mejillas y dar brillo incandescente al contorno de sus caritas, la de él, cuarentañera. El chico, con sus refulgentes ojos azules, la muchacha, con sus ojos rutilantes color verde esmeralda.

Ese día, se mostró visiblemente estresada. Una noche en blanco, un informe en inglés que debía haber terminado de traducir pero que había dejado a mitad, pendiente de entrega esa misma tarde; y la regla dolorosa que, algunos meses, le sobrevenía acompañada del temido síndrome premenstrual...

-Julio, ni corto ni perezoso, se situó detrás suyo, en una mesa que daba a un rincón. Estaba con tres personas con las que Matilde no congeniaba en absoluto, fruto de un marcado bullying solapado, del que era víctima desde hacía un par de semanas. No entendía qué hacía su amigo mentalista en su compañía. Pero el caso es que se mostraban muy jocosos, riendo sin parar, gritos en alto.

-Miradla, si parece la Señorita Pepis disfrazada de secretaria.

-Pues no le quedan mal las gafas. La chica, fea, no es.

-¡Y un huevo! -soltó bravuconamente Julio.

Todos lanzaron una estruendosa risotada. Matilde, hizo como si no se enterara de nada. Y empezó a insultar mentalmente a Julio, quien no hacía más que disculparse, también mentalmente, aunque exteriormente, continuara descojonándose vivo junto a los otros tres. Ella, se giró y les lanzó una mirada desafiante, llena de odio y de rabia, en especial a Julio. De repente, los cuatro se pararon en seco, un tanto cortados. Julio, bajó la cabeza. No se atrevió a mantener la mirada.

Durante el resto de la semana no hubo contacto telepático entre los dos porque Matilde no quiso abrir la mente. El cuerpo mental o mentasoma permaneció inactivo todo ese período de tiempo por voluntad propia. Fue tan intensificadamente premeditado que tampoco hubo acercamiento sexual perceptivo a distancia desde la casa de cada uno, evitando la proyección mental en cuanto la conciencia de Julio intentaba pasar la tercera desoma y establecer contacto. En cada ocasión, éste era rechazado con rotundidad. Ellos, habían alcanzado un nivel superior, de tal manera que sin verse ni tocarse físicamente, lograban hacer aflorar el fenómeno de la cosmoconciencia, una especie de proyección mental, cuya conexión, en el caso de ambos, no requería esfuerzo, ni misticismo alguno. Era un proceso puntual, instantáneo y espontáneo. Solamente debían abrir y cerrar el canal cuando se les antojara.


En la Iglesia, el cura se iba acercando al altar, dando paso a la finalización del rosario. En breves momentos, empezaría a oficiar la misa de la tarde. La voz en of del micro dejó de emitir rítmicamente y los fieles callaron y se pusieron en pie. Crujieron al unísono los bancos de madera.

-Oremos- enfatizó el sacerdote.

Matilde, comprendió que su paz espiritual iba a ser usurpada por el adoctrinamiento que destilaba la homilía. la muchacha, también se levantó, una vez iniciada la liturgia, para dirigirse hacia el conjunto de los candeleros que sujetaban las velas, cuyo soporte se encontraba cercano a la puerta de salida, al lado de la pila llena de agua bendita, con la que, luego, se santiguaría con el objetivo de purificarse.

Encendió una vela para su abuela Herminia y se fue rápidamente camino de su casa.

Entonces, sucedió lo que no esperaba que ocurriese aquel día, inundado de momentos de paz consabidos. La sustitución del relax y la complacencia por instantes de incómoda fluctuación, debido a los extraños rictus de la gente, al coincidir su trayectorias frente a frente, se incrementaba como en una progresión geométrica, provocándole pánico. Hasta tal punto, que quedaron alejadas las burlas y las caras sardónicas, reflejo del enfado y de la sorna, expresiones faciales que fueron sustituidas, aceleradamente, por tocamientos y empujones, al principio sutiles, segundos después, transformados en signos palpables mucho más radicalizados.

Como consecuencia, aminoró la marcha para ponerse a salvo, con tan mala fortuna que tropezó con un bache en el suelo y cayó de bruces sobre la acera. Una mano la sujetó con dureza y empezó a tirar de la chica. Cuando levantó la vista, se apercibió de que aquel hombre estaba sumamente enfadado. Parecía recriminarla. Acostumbrada a estos episodios aislados, aberrantes y angustiosos, cerró los ojos deseando despertar pronto de la pesadilla. De todos modos, siempre parecían ser unas pesadillas muy realistas.

-¡Abuela, abuela, sálvame...! -Gritaba en medio de una multitud acosadora que la rodeaba impaciente.


El despertador sonó justo a las siete. Abrió los ojos. Se había quedado traspuesta y, muy triste, había terminado por rendirse, dormida. Entonces, su mano derecha, empezó a acariciar suavemente el brazo izquierdo, luego, se desplazó hacia su barriguita, más tarde, a sus muslos. Y se abrazó a sí misma. Sabía que era Julio quien la inducía a las caricias. O, al menos, eso pensaba. Julio ya no estaba presente en el interior de su conciencia. Y lloró. Durante una hora.

-Llega usted media hora tarde. Ya tiene dos advertencias. A la tercera, la despediré. Procure tener cuidado porque estoy sumamente contento con su labor.

-¿Ya han firmado los americanos? No, no me lo diga. Han llegado a un acuerdo con nosotros y trabajaremos en cooperación conjunta, en la zona de Bilbao y en la de Vigo. ¿No es allí donde la producción nos reporta los mayores beneficios?

-Si, así es... Mnnn...

(Esta tía parece que me adivine el pensamiento, no me gusta que sea tan perspicaz. Precisamente, a ese acuerdo hemos llegado. ¡La hostia, qué inoportuno y qué incómodo...!) -le oyó musitar, casi en voz alta, aunque no moviera los labios.

-Aquí tiene los informes traducidos del balance de la reunión del jueves pasado que nos enviaron los responsables de Cobert.S.A. Ya se que se los tenía que haber entregado antes, pero...

-¡Basta...! No se disculpe. Démelos.

-Tenga. Esto... esperaba que viniera a recogerlos Julio y no usted personalmente. ¿Es que... no está?

-Se marchó. A partir de hoy trabajará con Andrés, que ya ha recibido el alta, con lo cual, Julio ha tenido que dar por concluida su tarea como asesor financiero en esta empresa. Excelentemente, por cierto.

-No... no sabía nada. No me lo dijo.

-Póngase a trabajar ya.

Lo que Matilde comenzó a sentir en sus entrañas era ciertamente indescriptible. Las náuseas se apoderaron de su estómago. La impotencia se acababa de convertir, tras unos instantes, en esa amiga nada deseada a la que no tienes más remedio que frecuentar. Más que un pesar profundo y desesperanzado, que le auguraba un día nefasto, difícil de sobrellevar, lo que se instauró en todo su ser, fueron unos deseos de morir incontrolables.

Aguantó las horas, no supo a ciencia cierta cómo, ni de qué manera; ni tampoco con qué método pudo afrontar los ratios de soledad y de frustración que se le echaban al cuello para intentar morderle la yugular, figurativamente hablando. Delante del ordenador, intentó contactar con Julio.

"Hola, mi amor. ¿Cómo está mi niña? Me alegro de encontrarme contigo".

"¿Cómo no me dijiste nada, que te ibas ayer? Me has decepcionado. Explícamelo. Porque debe de haber una explicación razonable..."

"Cálmate. Te lo explicaré todo esta noche... Amor..."

"¿Me tomas el pelo"? -Dijo en tono exhaltado.

"Te lo explicaré esta noche, cariño, te lo estoy diciendo... No debes preocuparte".

"Más te vale o te corto el grifo y no hablamos más de esta manera... Porque, verás..."

-Señorita Gutiérrez, ¿ha terminado de una puñetera vez el cálculo de lo que llevamos facturado este mes? Lo necesito ahora.

El director, Anselmo Fernández, entró con el traje arrugado y el cabello profusamente desaliñado. Llevaba puesta una corbata con elefantitos y un sombrero de ala ancha, de corte castizo. Nada que ver con el porte serio y elegante de las primeras horas de la mañana.

-Ah, ¡qué susto me ha dado!... No, todavía no lo he terminado.

-Dese prisa. Haga el favor. Luego, venga a mi despacho.

No quiso darle importancia al aspecto de su jefe. Le preocupaba más la ausencia definitiva de su amigo.

Volvió a contemplar la pantalla del ordenador. La voz interior, ese alter ego que ensombrecía su devenir existencial y que le brindaba siempre una de cal y otra de arena, articulaba consejos acerca de cómo su persona podía traspasar el tiempo y el espacio mediante la proyección astral.

"No tengas miedo. Inténtalo. Mira a un punto fijo. No muevas las pupilas. Disocia la imagen que tengas enfrente hasta que aparezca un fondo. Tu cabeza irá penetrando, poco a poco, a través de la profundidad dilatada y, a continuación, el resto del cuerpo".

"¿Y cómo hago para que no me pillen, ni don Anselmo, ni Andrés?"

"No lo harán. Será muy rápido".

"¿En cuanto tiempo?"

"Unos diez minutos".

Sus músculos estaban rígidos y dormidos, contraídos al máximo. Notó cómo las imágenes se volvían cada vez más borrosas, hasta perder el contorno. Efectivamente, el fondo era cada vez más tubular y profundo. La percepción visual iba difuminándose de forma paulatina entre la inmensidad de lo infinito...

Se vió a sí misma, de inmediato, después de sucumbir al choque dimensional, andando en medio de una especie de paisaje que se incluía en el interior de un sueño lúcido. Parecía tan real como la vida misma. Con una nota exótica como elemento diferenciador. Esta se correspondía con una amalgama cromática de colores muy vivos, poseedores de una nítidez más intensa de lo normal.

Julio y ella, se encontraban inmersos en la escenificación de un campo que contenía una casona grande en sus aledaños. En el exterior del paisaje, caminaban cogidos de la mano. Junto a ellos, correteaba fielmente un perro labrador de tamaño mediano. El sol irradiaba sus cuerpos, aportando calor y exuberancia. Las fragancias de las flores y de las plantas, arrojaban un panorama olfativo y visible, tan agradable como idílico, al tiempo que, los sonidos de los pájaros silvestres se amontonaban para fabricar una melodía de base material desconocida. Matilde, no sabría dilucidar a qué notas de la escala musical podían pertenecer los sonidos. No parecían ser sones propios del universo de los vivos. Se sentía tan feliz que no se apercibía de nada más. Ni del pasado, ni del futuro. Solo el presente inmediato se cernía sobre su consciente presencial.

-Me gustaría hacerte una pregunta, cariño.

-Dime...

-¿Estoy en coma?

Apenas formulado ese interrogante, la atmósfera fue oscureciéndose. Y Matilde entró en un extraño sopor.


-Doctor. ¿Qué le parece su evolución? Aconsejable seguir con los sueros, me parece...

-Sin duda, influirá la respuesta fisiológica de la paciente ante sus lesiones. A ver, como enfermera jefe, deberías ser más optimista, insisto...

-Pero doctor... insisto yo también... Los informes y pruebas concluyen, a modo de certeza incuestionable que, a pesar de lo que deberia indicarse, esto es, un bajo nivel de conciencia debido a una más que probable disfunción cerebral, su cerebro muestra una preclara actividad sensitiva. Lo niveles de presión del cráneo se los vigilamos constantemente mediante unos sofisticados sistemas de monitorización. Aun así, se han detectado altos índices de actividad cerebral.

-He decidido revertir el coma inducido. No hay muerte encefálica y su pronóstico no es reservado. Su estado es relajado y no ha habido manifestación de ataques epilépticos, tampoco. Una vez, que se pudo evacuar el hematoma, en su momento, logramos superar el peligro. Todo lo demás, dependerá, a partir de ahora, del mantenimiento de su sistema nervioso central. Creo que llegó la hora de despertarla de verdad.

Las semanas fueron transcurriendo con absoluta normalidad, según lo esperable y estudiado.

-Doctor, observe, ha vuelto a abrir los ojos... acaba de apretarme la mano.

De manera gradual, Matilde empezó a ofrecer sígnos de interacción. Fijaba la mirada y, con ella, seguía visualmente el movimiento de las siluetas del doctor y de las enfermeras. Su estado, era el típico de quien detenta una mínima consciencia, al cabo de unas semanas; por lo mismo, se le habían ido administrando determinados fármacos con los que ayudar a acelerar el proceso de despertar. Todo ello, devino como consecuencia de iniciar dicho proceso. Por lo pronto, se redujo drásticamente la sedación.


-Ha pasado otro mes estable, pone aquí. Con un poco de suerte, cuando termine todo esto, veremos a una Matilde reducida a la mínima expresión de lo que sería una personalidad humanizada, independiente, ¿no lo ve usted de esa manera, doctor?

-Creo que, en el caso que nos ocupa, un ejemplo a contracorriente de lo que suele suceder, el pronóstico intuyo que será más que favorable. ¿No ves cómo puede comer sola, caminar apoyándose en dos personas, vestirse y además retiene suficientes elementos de su personalidad? ¿O no lo ves? Será mejor que dejes de extraer conjeturas y que te esfuerces por interpretar rigurosamente el historial.

-Tendrá que disculparme. Solo soy una estudiante residente haciendo las prácticas del MIR.

-¡Vamos, no te degrades así y haz el favor de prestar atención a mis orientaciones y conclusiones!

-Convendrás conmigo en que estamos ante un caso excepcional, Julio...

-Pues sí, ciertamente. Pero no me tutees. Mantén el debido respeto...

-Perdone usted... perdón... es que le veo tan joven que...

-¿Y a qué esperas para tomarle la presión arterial?

-Uy, enseguida, doctor... Bueno, mientras estoy en ello, si me lo permite, quería plantear una observación importante. El otro día ví cómo cayeron de la mesilla el vaso y la cuchara. Por sí solos. ¿Me creería si le dijera que sé que es absolutamente imposible que eso suceda y, por el contrario, yo misma tuve la ocasión de poder presenciarlo con mis propios ojos?

-Mira, Tania, lo que voy a hacer a partir de ahora es ignorar por completo tus tonterías. No sé qué pretendes con estos comentarios surrealistas, lo que tengo claro es que voy a centrarme en las tareas rutinarias, con o sin tu colaboración. ¿Queda claro?


-Pero... pero... doctor... no le estoy mintiendo.

-Al trabajo se ha de venir completamente sobria y despejada. Y no hay más que hablar. Fíjate que me colocas en la desagradable situación de tener que tomar medidas al respecto si persistes en esa actitud. Como yo también he cometido estupideces alguna vez, lo pasaré por alto. Pero quedas advertida.


-¿Cómo te encuentras hoy, Matilde?

"Julio, no sabía que vivías en esta dimensión, en la real. Dime que no fue un sueño y que me quisiste. Te amo".

-¿Matilde? ¿No me escuchas?

-Bien, bastante bien.
He estado pensando largo y tendido; por más que continúo esforzándome intelectualmente, todavía no recuerdo qué me pasó.
"¿Es que no te llegan mis pensamientos? Respóndeme con la mente, cielo..."

-Sufriste un accidente de moto. Afortunadamente llevabas el casco puesto, circunstancia que hizo aminorar la intensidad del impacto sobre el asfalto de la carretera. Ibas a poca velocidad, en ese momento pisabas vía urbana porque estabas entrando en un pueblo y chocaste con un turismo, según refiere el atestado levantado por la policía local. Tuviste mucha suerte.

-¿Y qué me deparará el futuro? ¿Me lo puede decir? Parece ser que... que usted y yo ya nos conocíamos previamente...

-En absoluto. Soy médico interino. O sea, que voy de hospital en hospital. Hasta hace seis meses me encontraba en Pamplona y cuando llegué, hacía un mes que tenías el tratamiento puesto. En realidad no soy de aquí, sino natural de Soria. Tú eres de la capital, y estás viviendo en Madrid, por lo que se muestra en tu ficha.

-Estoy plenamente convencida de que ya había hablado con usted antes de mi ingreso en este hospital de La Princesa. Me acuerdo perfectamente de su cara.

-Imposible, ya te lo digo. Pero, mira, para que te quedes tranquila, te diré que, fruto de la típica situación generada ante el hecho de tener que padecer un estado de coma inducido, este tipo de manifestaciones sintomatológicas pueden llegar a convertirse en algo habitual. No obstante, no deberías de preocuparte. Estas cosas que ahora te parecen tan raras, en realidad son bastantes normales. Puedes estar segura de que con paciencia, tiempo y tranquilidad, acabarán por marcharse.

-¿Se refiere a que puedo mover los objetos?

-¿Cómo dices? Repíteme eso, suena como de película -dijo riendo con simpatía.

-Por favor, no se burle de mí -le recriminó encolerizada- Estoy hablando en serio.

De súbito, la puerta de la habitación se cerró sola, sin la ayuda de ningún tipo de mecanismo, ni de accionamiento y sin la intermediación de ninguna persona que la hubiese empujado.

-¿Cómo explica eso, doctor? Me he concentrado unos segundos y ya ha podido ver los resultados.

-Bueno... puedo justificarlo de manera sencilla. ¿Notas la corriente de aire que ha provocado la ventana abierta que hay enfrente? -se limitó a responder con la lógica natural propia de un escéptico que no cree en fenómenos extrasensoriales. Si bien, todo parecía indicar, a juzgar por el ambiente soleado que se respiraba en la calle, que el viento no había tenido nada que ver.

-Cierra la ventana, Aurora -le indicó a la enfermera jefe, quien diligentemente se apresuró a hacerlo-.-No vaya a ser que esta señorita, se nos constipe- siguió comentando estoicamente.

-La enfermera Tania observó otra ejecución similar. Usted tampoco la creyó cuando le estuvo insistiendo delante de mí -señaló con resignación.

-Ya va siendo hora de que duermas. Son casi las nueve. ¿Te gustó la cena? ¿Qué tal te está sentando la comida sólida?

-Está pasable, gracias.

El médico y la enfermera jefe se lanzaron una mirada de complicidad que incitaba a la sospecha. La sensación de ocultación de datos empezó a apoderarse de Matilde. Ese handicap añadido, en la actual tesitura, le hizo sentir miedo de nuevo. La conversación mantenida había generado malestar y un alto grado de desconfianza por parte de la chica hacia los facultativos.

Una vez hubieron cruzado la puerta de salida, les oyó hablar fuerte, como si de forma deliberada quisiesen ser escuchados:

-Tranquila, Aurora. Ya se dará cuenta. Tiempo al tiempo.

-Solo te digo una cosa, armarnos de paciencia será poco, Julio.

-Tú déjame a mí, que sé lo que me hago.

-En fin, si ella supiera que no presupone un problema el hecho de haber estado en coma por un accidente de tráfico, sino que lo que hay establecido es la necesidad imperiosa de que recuerde que murió por efecto de una sobredosis de somníferos, todo iría más rápido...

Matilde quiso abrir los ojos en ese momento y llamarles para pedirles una aclaración acerca de las palabras que acababa de oír pero se dió cuenta enseguida de que se encontraba en medio de un duermevela angustioso. Más bien, parecía estar reviviendo una ensoñación quimérica, equidistante con la realidad objetiva. El aire enrarecido le provocaba una dificultad inmensa a la hora de respirar. Sentía una notable presión en el pecho y el diafragma apenas podía ejercer la función de subida y bajada pertinente. Lo que le indujo al desmayo; en verdad, no fue más que una caída brutal, un desplome del cuerpo hacia abajo pero sin haber dejado de estar encima de la cama. Por lo pronto, penetrando a través del cordón umbilical experimentó un descenso vertiginoso en dirección hacia su psicosoma o cuerpo astral, siendo expulsado hacia el exterior el cordón de plata, ni más ni menos, que el enlace energético entre el cuerpo astral y el cuerpo sutil.

Había leído años atrás, cuando solo era una adolescente, que el cuerpo astral era el cuerpo responsable de las emociones, un vehículo de la conciencia con la que ésta podía manifestarse en otros planos no físicos, tras la muerte biológica y la proyección de todos los viajes astrales vivenciados en cada ocasión. ¿Estaría realmente muerta? -se cuestionó.

La transfiguración de su cuerpo mental o mentasoma no tardó en alcanzar el apogeo necesario para que se realizara la proyección mental, pasando a inocularse en su conciencia la tercera desoma. Es decir, tenía ante sí la posibilidad de incrementar el discernimiento, la racionalidad y de hacer proliferar sin una limitación acotada por lindes físicos, los sentimientos más puros y nobles.


El dharma te será dado, no renuncies al don intrínseco. Tu sede se encuentra en el paracerebro, chiquilla. Haz caso a la abuela que te insta a que investigues prescindiendo del ego y del deseo. ¿Estás ahí, linda mía?

-¡Abuela Herminia! Abuela...

-No tengas miedo. Estás siendo transportada por un vehículo informe. Su conexión con el psicosoma es a través del cordón de oro.

-¿Dónde estoy, abuela Hermi?

-Estás en el Nirvana, en el satori, o si lo prefieres, el samadhi. En la sede de la conciencia. Tu karma, aquella memoria sagrada que acumulaste en vidas anteriores, ya te permite estar presente en ésta. Aunque... recuerda, chiquilla, hay otros muchos mundos cuánticos. La energía no se crea ni se destruye, tan solo se transforma. No te sueltes de tu vehículo. Vuela con paso firme por el Universo, el mismo padre cósmico interestelar de la madre naturaleza que te concibió en la Era Oscura, la de la densidad, la de los mortales. Ahora, en la Era de Acuario, incidiendo lo más verticalmente posible desde el firmamento hasta el planeta Tierra, todo se multiplica. Se amplificará el conocimiento. La bondad, pero también la maldad.

-Me hablaron del paradigma de la espiritualidad como una especie de premisa falsa, pero ahora no estoy segura. ¿Esto que me está pasando, qué significa? ¿Estoy muerta, abuela?

-Tápate los ojos que traes, cariño, son ojos falsos los que intentas encumbrar. Los ojos plausibles son los inteligentes. El ojo físico no ve nada. No hay luz en él que pueda predecir un mañana. Realmente no puede ver ni presagiar más que lo aparente. Mira dentro de tí. Hazlo así siempre. Debes hacerlo desde la certera introspección, la de la verdad inmutable, si quieres comprender la totalidad del ser.

-No te veo, abuela... ¿Donde estás?

-No me mires con esos ojos, Mati. Son ojos que albergan oscuridad. En el lugar de esos ojos físicos ya no hay ojos sino concavidades que contienen gusanos.

-No te entiendo. Explícame eso.

-Son ojos llenos de polvo de la tumba que dejaste en la tierra. Su naturaleza aquí no te va a valer.

-Abuela, ¿entonces... es totalmente cierto que yo... estoy... muer...?
¿Hola? ¿Quién... quién eres tú?


Soy tu madre, Matilde, hijita. Tu madre, quien te quiere tanto.

-No, mamá. Vete de mi lado. Me hiciste mucho daño. No quiero que estés aquí, conmigo... ¡Vete! ¡Abuela... ayúdame!

-Perdóname, Matilde, hija.

-¡No!

-Debes perdonar a tu madre si quieres comprender.

-Abu... ela... ella no me queria.

-No se significa por sí misma la moral cristiana. El paradigma de la religión existe en la percepción intelectual, teórica, pero es para que lo entiendas. El perdón libera y permite ver con otros ojos. Hazme caso, Mati, perdona a tu madre.

-Te... te perdono, mamá.

Yo también te perdono, hija mía.
El accidente te dejó en coma un mes. Despertaste y recuperaste la consciencia pero te quedaste parapléjica. En el hospital solo podías andar si te cogían entre dos personas, manteniendo los dos pies a rastras. No conseguiste volver a caminar nunca más, a pesar de la voluntad que pusiste para realizar los ejercicios de rehabilitación. A raíz de aquel acontecimiento tan dramático y de aquel otro que también olvidaste y que, en breves momentos, te será revelado, tomaste una decisión nada revulsiva, impidiendo, con ello, la incitación a propugnar cambios. Al contrario, fuiste muy drástica: optaste por el suicidio.

-¿Qué me hiciste en vida, mamá? Cuéntamelo, no lo recuerdo.

-Cogiste la motocicleta en una huida hacia adelante.

-¿Por qué huía?

-Ibas a reunirte con tu amigo Julio. Tú, tenías diecisiete años y, él, cuarenta y uno. Pretendíais convivir juntos, una forma de salvar la situación, porque yo... yo no acepté jamás vuestra relación. Esa tarde, te castigué, porque me enteré de tus intenciones después de leer a escondidas el diario personal que estabas escribiendo. Cuando te prohibí que te marcharas, intentaste salir de la casa recurriendo a la fuerza, aunque procuré impedirte el paso. Al no poder retenerte, decidí llamar a la policía puesto que eras menor de edad. Finalmente, escapaste y cogiste la moto. Estabas dispuesta a ir en su busca y pedir ayuda a su familia, si era necesario. Al llegar a su pueblo, los nervios te jugaron una mala pasada y, saltándote un semáforo, te estampaste contra un coche que salía de un cruce. El destino quiso juntaros a los dos en otros ámbitos de la conciencia, mucho más allá del amor carnal. Trascendisteis al rebasar a la muerte.

-¿Por qué dices eso? ¿El también murió?

-Iba en el interior de ese coche que, fatídicamente, cruzó en tu misma trayectoria. Intentó esquivarte pero, en lugar de eso, giró bruscamente el volante, tras impactar contigo, saliéndose de la calzada y chocando contra un muro de hormigón que delimitaba unas obras. Su muerte fue instantánea. ¿Casualidad? No. Fue, en todo caso, una llamada a las segundas oportunidades. Debíais proseguir vuestro camino y completar el ciclo. El del comienzo y el final, el del nacimiento y la muerte, el del crecimiento y la renovación, el del aprendizaje y la experiencia, el del cuerpo y el alma, dualidades de contrarios que otorgan dialéctica y eternidad, para facilitar la estimulación energética y que las ánimas logren envejecer con sabiduría. Reencarnarse para redimirse y renovarse. O, por el contrario, permanecer en la Fuente para siempre, disfrutando del conocimiento adquirido y de la luz, de la plenitud, de la divinidad.

-¿Qué debo hacer ahora? -Inquirió Matilde.

-Qué quieres hacer ahora? -Interpelaron al unísono ambas, madre y abuela, sendas mujeres de la primera y de la segunda generación familiar.

-Sigo sin poder ver cómo es vuestro aspecto en el momento presente.

-No puedes vernos porque ya has tomado una decisión. Todavía no nos vas a ver. Aun te falta aceptar  el transcurso de un sólido tiempo hasta poder disfrutar de esa gracia. No es algo ejecutable. No se puede decretar ahora mismo. Puedo reafirmarme en las leyes del espíritu porque, como tú, ya no tengo cuerpo físico. Sin embargo, mi estado de pureza es más elevado que el tuyo.

-Abuela, quiero quedarme con vosotras.

-Tus ojos te delatan, niña. No es veraz tu particular visión ocular, la externa. Tu visualidad interna no emite suficiente luz y no va a ser aquí donde vayas a llenarte. Por tanto, debes iniciar a tu alma en otra nueva experiencia. Este sí es el decreto que tus ojos interiores, a los que aprecio y puedo detectar, están apoyando. Me avisan de que debes viajar a la Tierra. Tu iluminación debe de ser terrenal. Ya no puedes subir más arriba. El ánima aprendiz debe bajar.

-Quiero quedarme contigo, abuela Hermi. Y con mamá.

-Tienes causas pendientes. La determinación acerca de tu experiencia aun está por dictaminarse. Deberás hacerlo mediante los hechos probados, éstos guiarán a tu conciencia para que pueda tomar decisiones acabadas, las más justas y correctas posibles. Todo dependerá de tí.

Tu cordón de plata se cortó en uno de los siete reinos del universo. No siempre elegimos el reino más benefactor, dadas las circunstancias que rodean nuestra muerte. Cada uno de ellos, sería el equivalente a cada uno de los siete chakras. Tu cuerpo de humana era un receptor de la energía cósmica. El cordón de plata es el que recorre los centros de energía del sistema espiritual y glandular-endocrino. Cuando se cortó después de morir, tú estabas vinculada a uno de los siete chakras, intrínsecamente relacionado con uno de esos siete reinos espirituales. Por el camino del disentir, no alcanzarás la plenitud absoluta. La totalidad, las aspiraciones divinas completas, no se adquieren de ese modo.

Tú has vivido durante los últimos tiempos atrapada en un sueño de baja vibración, a la espera de recobrar dos principios esenciales de naturaleza divina que perdiste al quitarte la vida. Aunque tu naturaleza, en sí misma, era buena, noble. Los budistas llamarían a esta sección "Kama-loka" y el sexto y séptimo principios, aquellos que te abandonaron una vez consumado el suicidio y que pretendes recuperar, son llamados por la filosofía oriental la parte divina Atma-buddhi. En cualquier caso, llaménse como se llamen estos elementos supramentales, tienen una influencia vehicular en tu karma. Pero no la suficiente. Si te quedas en esta región de los deseos intensos, siempre estarás tentada por el deseo en sí y por los bajos instintos.  No lograrás contrarrestar fácilmente y de forma natural, el karma negativo acumulado por tu mala acción anímica o, en su lugar, deberás realizar enormes esfuerzos, quizá en vano. Viviendo de manera ubicua en varios mundos y submundos, no encontrás la verdadera redención. Tu ego es bueno e inocente. Se te ha presentado otra nueva oportunidad. No te conviene desaprovecharla.

-¿Debo reencarnarme, entonces?

-Si. Tendrás que volver a pasar por una prueba parecida a la que tuviste en la reencarnación anterior. En el plano mental-divino, has estado poco tiempo y dormida, ausente. El kama-loka, inductor de los instintos más básicos que reproduce la carnalidad -previo al Devachán de sueño efímero y cuya estancia tiene carácter divino-, te permitió solamente prescindir del cuerpo físico y vivir entre dos estados, experimentando el recuerdo consciente de todo aquello vivido en la Tierra y reproduciéndolo a través del sufrimiento, a veces, del tormento. ¿Prefieres volver al astral, al Kama-loka y vivenciarte en una zona intermedia entre el mundo físico y el mundo divino, en lucha constante por esquivar los padecimientos que te acecharían de forma persistente, teniendo que sortear múltiples peligros? En Devachán, con nosotras, no puedes quedarte. Solo has podido descansar en esta área, una parte ínfima de la eternidad a la que aspiras en un futuro.

-¿Y qué será de vosotras dos, mamá, abuela?

-Nosotras dos, continuaremos nuestro sueño de descanso hasta que alcancemos el estado despierto en el plano mental y en los superiores, situándonos en el Paraíso, en el Cielo... En medio de todo ese proceso y antes de alcanzar la luz del Paraíso, habiendo trascendido al Devachán por un período de tiempo requerido desde el karma positivo, puede que volvamos abajo otra vez, al plano físico de la existencia. Recuerda.... se trata de culminar un ciclo completo. Hasta que el alma se encuentre preparada para sentir la luz de la divinidad y en un estado plenamente consciente. Para entonces, ya seremos adeptos.

-No os vayáis. Quedaros conmigo. Os voy a echar de menos...

-Volverás abajo, al mundo físico y no recordarás nada de tus vidas anteriores. Nada de nada. Sin embargo, no dejes nunca de creer en el poder de la mente y del universo esencial. Porque tampoco podemos asegurar siempre que existan capacidades que nos vayan a ser negadas irrefutablemente. Recuerda que todo depende de la naturaleza con la que has sido conformado.


Míriam, iba con su motocicleta a todas partes. A sus veintidós años, poseía rasgos de apariencia nórdica, siendo rubia y de ojos verdes, muy claros, lo cual, reforzaba su presencia, agradable y muy solicitada, por parte del público masculino. Si bien, la chiquilla, únicamente sentía admiración por un chaval algo mayor que ella, que acababa de terminar la carrera de ingeniería industrial y a quien apenas se le veía pernoctar en las discotecas entregándose al ligoteo, como sí solían hacer habitualmente la mayor parte de sus amigos. Esa característica de chico formal que no había roto nunca un plato, fue lo que más le atrajo de él.

En aras de la reciprocidad, esa misma mañana, el muchacho decidió acercarse a la facultad donde estudiaba Míriam, presa de una devoción análoga acumulada en el tiempo, pues todos los días hacía lo posible para verla transitar por la urbanización, camino de clase, montada en su ciclomotor. Pero, siendo tan solo una sospecha y no una certeza la opción de poder gustarle, se aprestó con voluntad  firme, a encontrar el momento más idóneo para tratar de corroborarlo. Así que, cuando llegó al lugar y después de haber consumido tres o cuatro cervezas, como ayuda para vencer a la timidez y romper el hielo, inició la búsqueda de su preciado objeto de amor.

Recorrió el interior del bar, investigó por dentro de las aulas, por los jardines y el campus, entró en la biblioteca, preguntó a la gente si la conocían, se dedicó a espiar las entradas y salidas a la calle durante una hora... en fin, hizo todo cuanto podía demostrar desde la identidad del clásico enamorado, fiel amante a la antigua usanza, con tal de encontrar a la chica y organizar su particular festival erótico festivo. Se diría que bastante inocente e ingenuo.

Por fin, divisó su silueta desde la lejanía saliendo del rectorado, único lugar que no se le había ocurrido visitar.

Con una técnica depuradísima, al estilo de las grandes comedias de amor románticas de los ochenta, se hizo rápidamente el encontradizo, procurando tropezar lo más dulcemente posible con el cuerpecito de Míriam.

Tras el pequeño susto, que para nada contravino el entusiasmo con que le dedicó a Manuel la más estupenda de las sonrisas en agradecimiento por la eficacia demostrada a la hora de saber entablar una conversación fortuita, ambos se sentaron a charlar tranquilamente en un banquito del parque que estaba situado al otro lado de la Uni.

-Tengo la sensación de que ya nos conocíamos desde hace mucho tiempo. ¿A tí no te ocurre lo mismo, Manuel?

-Si te soy sincero, siento como si nos hubiéramos visto en alguna otra vida anterior... ¡Vaya tontería acabo de decir! ¿verdad?

-¡No, qué va! Has estado muy acertado. No creo que haya ningún problema por pensar tal cosa. Esto, le debe de pasar a más gente ¡A ver si ahora, vamos a ser los únicos que creemos en la reencarnación!

-¿En serio? Yo lo había resaltado más bien como broma, aunque... mira por dónde... ¿por qué iba a ser ésta la única vida posible? ¿Sabes? Si volviera a nacer estudiaría medicina. También me encanta la economía. Lo de ser ingeniero me viene de familia. En mi casa hay médicos, veterinarios, arquitectos...

-Pues yo soy una gran amante de los animales, pero mi auténtica vocación son las matemáticas. Aunque, no sé hasta qué punto me interesaría terminar esta carrera, en realidad, me hubiese conformado con poder ser una sencilla secretaria.  Ejercer de secretaria de dirección, no estaría mal. O de relaciones laborales. Hubiese cursado secretariado internacional, pero lo de viajar, como que no me va demasiado. No me gusta la idea de tener que separarme de los míos.

-¿Te cuento un secreto, Míriam?

-Adelante...

-El otro día soñé contigo.

-Yo también ¡qué casualidad! ¿no? ¿Y qué soñaste?

-Que nosotros dos queríamos vivir juntos. Tu madre se oponía a que nos viésemos. Por eso, en el sueño, te escapabas con la moto para ir a buscarme y ambos teníamos un accidente. Los dos juntos. Mi coche no pudo esquivar el golpe contra tu ciclomotor. No recuerdo qué sucedió después.

-Hosti, Manuel, ¡no te lo vas a creer! He soñado algo parecido. Verás... Meses después de haber sufrido el accidente contigo, desperté de un coma en un hospital.

-A todo esto, ¿cómo podemos estar tan seguros de que los personajes que aparecen en nuestros sueños, aparte de recrearse en emular dos historias coincidentes, somos nosotros mismos?

-No lo sé, pero en quién primero pensé al despertarme, fue en tí. Y aunque tu carita fuese distinta, no sabría decirte, sería como... bueno, estaba convencidísima de que eras tú. En algunos sueños, eso pasa mucho. Cambia el aspecto de la gente, las caras, la voz, la edad... muchos detalles se encuentran camuflados.

-Míriam, te informo de que Freud en su libro La interpretación de los sueños, habla de cómo por efecto de la censura, el contenido manifiesto es expresado claramente y, en cambio, las ideas latentes, es decir, las que subyacen en lo más hondo y pueden explicar verdaderamente el sentido de lo soñado, requieren de una interpretación más profunda, haciéndose necesario el tener que recurrir, reiteradamente, al análisis de las capas más recónditas de la psiquis. Te pasaré el libro. Es super interesante.
Respecto de nuestro sueño, he presentido las mismas cosas que tú. Sabía que se trataba de nuestras propias identidades interactuando en otra vida pasada. Por cierto, ¿recuerdas cómo se llamaba mi personaje?

-Julio.

-¡Vaya que sí! ¿Y tú, no serías Matilde, por casualidad?

-Equiliquá.

-Pues es evidente que nosotros dos somos un vínculo kármico, asociado a todos esos elementos intrínsecos que suelen argumentarse respecto de ese hecho en cuestión.

-Considero que, tanto tú como yo, hemos venido a este mundo para hacer contribuciones valiosas con el objetivo de mejorarlo. Pero, es que, además, es crucial que las hagamos juntos. ¿No crees, Manuel?

-Efectivamente, tengo la misma creencia. ¿Qué más se le puede pedir a la vida? En ese caso, lo deberemos de ir descubriendo. ¿Sabes qué? Que me alegro mucho de haberte encontrado.

-Me siento muy feliz, estoy emocionada. Te quiero, Manuel.

-Yo también te quiero, Míriam.


Dido - White Flag 
Sé que piensas que no debería seguir queriéndote,
Te diré eso.
Pero si no lo dijera, bien, todavía lo sentiría.
¿Dónde está el sentido en eso?

Te prometo que no intento hacer tu vida más difícil.
O de volver a donde estábamos.

Bueno, me hundiré con esta nave.
Y no levantaré las manos y me rendiré.
No habrá una bandera blanca sobre mi puerta.
Estoy enamorada y siempre lo estaré.

Sé que dejo demasiado desorden y
destrucción para regresar otra vez.
Y no he causado nada más que problemas.
Entiendo si no puedes hablar conmigo otra vez.
Y si vives con las reglas de "se acabó"
entonces estoy segura de que eso tiene sentido.

Bueno, me hundiré con esta nave. 
Y no levantaré las manos y me rendiré.
No habrá una bandera blanca sobre mi puerta.
Estoy enamorada y siempre lo estaré.

Y cuando nos encontremos, 
que estoy segura que lo haremos,
todo lo que fue en ese entonces,
aun estará aquí.
Lo dejaré pasar 
y me callaré. 
Y tú pensarás
que ya te he olvidado.

Bueno, me hundiré con esta nave.
Y no levantaré las manos y me rendiré.
No habrá una bandera blanca sobre mi puerta.
Estoy enamorada y siempre lo estaré.

Bueno, me hundiré con esta nave.
Y no levantaré las manos y me rendiré.
No habrá una bandera blanca sobre mi puerta.
Estoy enamorada y siempre lo estaré.

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RESEÑA CINEMATOGRAFICA DE
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[TAMBIEN CONTIENE SPOILERS. RECOMIENDO  VER LA PELÍCULA PRIMERO. SU DURACION ES DE 35 MINUTOS]
Título: La Cabina
Título original: La Cabina
Formato cinematográfico: Mediometraje 
Nacionalidad: España Año: 1972 Duración: 35 minutos Género: Terror psicológico Estreno: 13 de diciembre de 1972 Presupuesto: 4.000.000 pesetas Financiación: Televisión española (TVE) Distribuidora: Televisión española (TVE) Productora: Televisión española (TVE) Dirección: Antonio Mercero Producción: José Salcedo Guión: Juan José Plans José Luís Garcí Antonio Mercero Dirección artística: Antonio Sainz Montaje: Javier Morán Música: Carl Orff Fotografía: Federico G. Larraya Producción: José Sa…