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UNA NOCHE SOÑÉ QUE OVIDIO ME HABLABA DE AMOR .1


"Lo confieso; humildemente, reconozco que he instigado el caos más profundo en tu ordenamiento interno, que te he apremiado irremediablemente a avanzar conmigo, a que me sigas hasta el fin del mundo, sin tener ni la más mínima idea de cuál debía de ser nuestro destino, sin saber siquiera si saldríamos victoriosos o absolutamente aplastados y vencidos".

Estas, fueron las últimas palabras de Senjo a Paqui antes de morir en el hospital La Fe, de Valencia, a la edad de 68 años. Tras pronunciar esta desesperanzada reflexión, durante el transcurso de su último hálito de vida, la mano derecha, que estaba siendo suavemente acariciada, dejó de temblar.

Paqui lloraba desconsolada junto al cadáver de su pareja, allí encima, sobre las sábanas, envolviendo con su cuerpo el del amante. El cáncer terminal en fase de metástasis acabó cumpliendo con su papel y, habiéndose extendido a la mayoría de los órganos vitales, apagó definitivamente la llama de la consciencia un día como hoy. 

-No, mi cari, no. Hemos ganado. Tú y yo hemos ganado. No te vayas así... hemos ganado -manifestó Paqui sollozando.

-Francisca, acompáñame fuera, si eres tan amable... Calma, ya lo sé. Esto es muy duro. Pero debemos proceder -medió la enfermera al cabo de unos primeros momentos de desconcierto-.

-No, esperáte, joder...

-Si, lo entiendo, tranquila, tranquila...

Cinco minutos después, entró el doctor quien, acercándose hasta la mujer, intentó con delicadeza que se incorporara de la cama.

-Nooo, déjeme un poco más. Aun tengo que decirle al oído una cuestión importante. Por... por favor...

-Vamos, Francisca... Hemos hecho todo cuanto hemos podido para que el final sobreviniera de la manera más estable y tranquila posible. Con los cuidados paliativos apenas habrá sentido dolor -insistió el médico- Lo siento, de veras. Pero hay que continuar con el procedimiento habitual. Francisca, si me lo permites, te sugiero que te pongas en contacto con alguien de tu familia o de la suya si, de esa manera, se puede resolver más fácilmente el trámite. Es necesario que entregues el certificado de defunción, en cuanto lo tengamos a punto. Debes ir al registro civil. Ese, es el protocolo rutinario. Y esta cama la necesitamos para que sea ocupada de nuevo.

-Si, ya lo sé, no hace falta que me explique lo de las camas ¡Sé cómo funciona el temita con los recortes de los huevos!

-Pero mujer...

-Doctor, discúlpeme....

-Nada, nada, no te preocupes...

-Dígame, por favor, ¿usted cree que mi pareja entendió algo de lo que le dije antes de que se marchara?

-Bueno, si te soy franco y directo, observando el curso permanente de la fiebre y los delirios que ésta le estaba provocando durante la última semana, dudo mucho que conservara la plena consciencia o una poca lucidez. Quizá en algún momento... aunque más bien... me inclino a pensar que no... vamos que...

-Ya...

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Paqui la soberana, la incrédula, la fuerte, la victoriosa, la luchadora, la trabajadora paupérrima, una oprimida camarera que trabajaba diez horas hasta hace dos años por 600 euros al mes, la inconformista activista, la buena de Paqui, tuvo que pagar ella sola la tramitación enterita, abonar el formulario de inscripción en el registro civil, liquidar el coste de la inhumación, más la tasa municipal del cementerio, comprar una corona, también un traje-chaqueta para la ceremonia oficial de luto, pagar los servicios de transporte de la funeraria... ¡Ay, la incontestable y sensible Paqui! Estas incidencias materialmente injustas salen a relucir tras los insistentes intentos por readaptar una vida llena de trabas, aunque equilibradamente positiva en los últimos tiempos.

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-Joder, Paqui, y yo qué sé. Lo tendrás que averiguar. Que nosotros sepamos no había hecho testamento, al menos, no nos avisó. A tí tampoco, pero como nunca se sabe, te propongo que lo investigues tú por tu cuenta, mi niña... - señaló Andrés, uno de los dos amigos más intimos de Paqui.

-Me parece que sois muy bestias -dijo ella después de mesarse atrapuladamente los cabellos. ¿Tanto interés en el testamento, por qué? No estaba con él por su dinero.

-Es que vamos, Andrés, ya te vale, hay que cuidar las formas un poquito, ¿no crees?. No, mira, Paqui, te lo digo desde el cariño, lo que te aconsejo que hagas es que acudas a la notaría una vez transcurridos los 15 días hábiles a partir de la fecha de la muerte y solicites el certificado de actos de última voluntad. Eso es imprescindible para saber si hay o no testamento. Lo sé por mi tío Gabriel, el ricachón. Aunque no nos dejó nada a mis padres y a mí, el muy cabrón. Uy, perdón, ese es otro tema, ejem... disculpa... Una vez allí, con el certificado de defunción, que te digan si Senjo tenía contratado un seguro de vida. Podrías ser beneficiaria aunque no estuviérais casados. Mientras él te haya designado...

-No creo que haya hecho nada de eso, ninguna de las dos cosas ¡Pero qué retorcidos sois!

-¿Por qué te pones tan borde cuando se muere tu alma gemela, mecagüen la pena negra, chiquilla?

-Vale ya, hombre, no seas tan quisquilloso con Paqui.... Mira, Paqui, nosotros somos tus amigos, decidas lo que decidas, aquí estaremos. Contigo.

-¡Hostia, fijaos, solo han venido seis o siete personas a la incineración! -resaltó Paqui absolutamente indignada. -Hacía tiempo que no nos veíamos.

-Pues claro, mi niña, ¿o es que no sabías con quién estabas? Convivías con un auténtico misántropo.

-¡Ya está bien, Andrés!

-No te molestes, Carmen, es la pura verdad, aunque no me haya importado nunca que lo fuera -expresó Paqui con vehemencia-.-Siempre me demostró que yo era especial. Hizo que me sintiese una mujer privilegiada. Durante dos años de mi vida. Dos años en los que he podido hacer lo que me ha dado la gana y más. ¿No lo consideráis un verdadero golpe de suerte?

-Si, jajaja, es como cuando a alguien le toca la lotería o el gordo de Navidad, a punto de ser desahuciado por un fondo buitre, dí que sí, cielo.

-¡Qué hijo de puta eres, Andrés! Parece que Senjo haya sido tu enemigo en lugar de un amigo fiel. ¿Qué cojones te pasa?- expresó Carmen realmente molesta, a juzgar por el tono empleado.

-Ese bastardo no se cuidaba nada. Fumaba como un carretero, se iba de putas, trasnochaba día sí, día no, jugaba al póker con los del club de lectura, comía como un cerdo sibarita y era un cocainómano empedernido. Eso me pasa. Nos ha dejado tirados a todos y a esta mujer tan maja. ¿Te parece poco?

-Vamos a ver, si es que todo el mundo era consciente. Todos nuestros amigos y conocidos sabían la verdad, que nuestra relación era de conveniencia a la par que de admiración y sublimación mútua. Y cuando hablo de sublimación me refiero a una exhaltación del alma que engloba a la totalidad los sentidos, a la plena existencia. No nos tocábamos porque estaba pactado entre los dos. Yo también podía acostarme con quien me saliera del coño. ¿Estamos o no estamos? Así que no me seas tan cursi y tan hipócrita. Hablando así no haces más que ejemplificar las intenciones y los hechos de un desalmado ¡Cochino desagradecido! ¿Cuántos favores económicos nos hizo a tí, a mí, a Carmen, a todos...? Senjo era... era mi paternaire espiritual y maestro zen. Era mi espejo y mi ejemplo, mi vida soslayada, mi acompañante en las controvertidas noches traumáticas y exiguas, alejadas de toda templanza, en las que mi conciencia rememoraba el maltrato psicológico de mi familia de origen, a la que no quisiera mencionar más de lo necesario... era mi mentor, mi instructor asertivo, mi consejero económico y político, mi inductor intelectual, mi perro faldero, mi almohada, mi pañuelo de lágrimas, era mi conciencia. Era mi todo. ¿Lo entiendes o no, Andrés? ¿Lo entiendes tú, Carmen?

-Si, bonita, no te apures más, mi cariño. Todo esto que nos pasa ahora es fruto del cansancio, de la noche en vela bebiendo whisky en el chalet y de practicar el insano arte del enjuiciamiento post-mortem hacia una persona que no puede defenderse. Porque los hombres y las mujeres, genéricamente, somos así de descerebrados y de mezquinos si nos descuidamos. Tranquila, lo sabemos. Todos lo sabemos. Sabemos lo cacho pan que era Senjo y no precisamente por sus virtuosas costumbres. Aunque sí reconocemos todo el mundo que era un caso aparte. Digno merecedor de una respetable consideración. Una buena persona, por los hechos. Vamos, que hasta la Biblia lo asienta en la figura de Jesucristo y en la máxima: "por sus obras los conoceréis". 

-Si, Carmen, es verdad, aunque sobraba el discurso voluntarista -le espetó Andrés-. Todos lo sabemos, sí. Sabemos quién demonios era Senjo, un espécimen singular, una rara avis, misántropo y libertino, pero una gran persona. Claro que sí.


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-Brindo por él. Por el misántropo y libertino Senjo, mi media naranja -gritó Paqui en un arrebato, intentando sorprender a los presentes esa tarde-noche y alzando su copa de cava, en medio del ceremonial que se estaba celebrando en casa de Andrés, tras la incineración.

Los participantes levantaron sus respectivas bebidas y brindaron. Luego se echaron a aplaudir desaforadamente. Y a reír, y a cantar, y a bailar, al ritmo de los Pink Floyd.

-¿Quieres hacerte una raya de coca, Paqui? -preguntó Mirella, la ex de Senjo, otra buena amiga suya. -Te invito.

Mirella, fue la mujer que, en un principio, tuvo la deferencia de cobijarla en su casa, cuando su hermano cambió la llave de la cerradura del piso de su madre difunta, dejándola en la calle. 

-No -respondió ella con rotundidad. -Sabes de sobra que no me van distractores externos de ese tipo.

-Radical, vamos, que pasas de colocarte....

-Si, paso de colocarme. 

-Amor, en ese caso, ponte la tele con los cascos... Si no, te vas a aburrir. Porque no vas a poder congeniar con el grupo. Dentro de un rato, todos iremos mas ciegos que un murciélago con unas Ray-Ban.

-Oído cocina. Me voy arriba, al ático.

-¿Y qué vas a hacer allí sola, chica?

-No lo sé. Igual me masturbo. 

-¡Qué cosas más raras haces teniendo aquí a gente que te ayudaría a pasar mejor la noche!

-Lo necesito. Eso es todo. Quiero dar rienda suelta a mi imaginación, acostarme con él tal y como mi mente me lo permita. Jamás hicimos el amor durante nuestra convivencia. Le acompañaré toda la noche.

-¿Estás segura de que eso es lo que te apetece, cariño?

-Completamente.


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-"Camarada Senjo, tú sabes mucho mejor que yo, eso es así, pues me desahogué contándotelo, cuánto odiaba esas "reuniones de cuñados y cuñadas", mantenidas por el clan de los malditos los fines de semana, cuando vecinos y amigos insurrectos y facinerosos, llevados por el seguidismo, osaban acercarse por nuestra vivienda, para juntarse con los retrógrados y reaccionarios de mis parientes directos, los supérfluos y ridículos enemigos de la sensatez y del libre albedrío, los endemoniados, como llamaba yo a mis padres y hermanos. Lejos de parecerme a ellos en nada, les guardaba la debida equidistancia y desapego psicológico. 

Como comunista y oveja negra de la familia, jamás se interesaron por mis proyectos, actividades y aptitudes varias en las que siempre destaqué, pero que tuve que apaciguar en aras de salvaguardar mi integridad psíquica y moral. Incluso física. Mis perspectivas de futuro constituían una clara analogía con el desollamiento y descuartizamiento de los cerdos en las granjas industriales para ser vendidos en las carnicerías de los pueblos. Pueblos donde la tradición artesanal, paralelamente, también se enriquecía gracias a la elaboración del embutido casero al más puro estilo de las matanzas celebradas durante las fiestas patronales. Precisamente yo, -y disculpa si te ofendo con mi paralelismo victimista-, iba destinada a ser un embutido más, el genuino y representativo embutido de la casa, como ejemplo, baste una muy vulgar y exótica longaniza cualquiera, o una simple morcilla, o chistorra, chorizo, fuet, o mucho peor, digamos que podía haber sido perfectamente tripa, seso, higadillo, tuétano, criadillas, pies, molleja... Cierto que la metáfora me resulta muy válida.

Y sin embargo, tú sabes que nunca me la dieron con queso. Y que jamás me casé con esa panda de psicópatas socializados. 

Sabes que me salvaste de una muerte anunciada. Muerte espiritual y de dinamismo existencial. Como si dicha orientación fuera una historia propia del genio de Camus. Quien, en su ensayo filosófico El Mito de Sísifo, plantea el absurdo de nuestras vidas insignificantes; bueno, de algunas pocas, como la que estaba siendo protagonizada por mí y ensalzada por mi familia. Mi persona, ejemplificaba el mito del esfuerzo constante y prolongado, cruel, inútil, atribulado y, al mismo tiempo, tan primitivo y arcaico en su concepción y tan intrínseco... que me daba hasta miedo, terror, pánico; a tenor de la representación vital del más estratégico horror infrahumano y que me inundó de traumas...

Me sentía tan astuta como Sisifo pero, al mismo tiempo, tan condenada como él. A veces, incluso podía sentir físicamente cómo transportaba ese peñasco gigante, montaña arriba, hasta la cima, solo para que volviese a caer rodando vertiginosamente hasta el valle de mis lágrimas, sufrimientos y frustraciones más idiosincráticas. Esa bacanal de hastío me hizo pensar, muchas veces, en el suicidio. Yo lo aceptaba, aceptaba el absurdo del existencialismo ante mi extralimitada sensibilidad y rebeldía frente al mundo. No así el quietismo, como homónima mujer rebelde que era. Así que intentaba encontrar la cuadratura del círculo como solución a la ignorancia de mis problemas, para poder ser capaz de entender el misterio incognoscible de mi vida como fenomenología impuesta por individuos ajenos, una y otra vez, porque suponía un perjuicio grandilocuente a la hora de poder disponer de un salvoconducto eficaz. 

El existencialismo que me rodeaba constituía la eterna vivacidad, el infinito encuentro con lo absurdo e inmoral de los desencuentros constantes, los gritos, las discusiones, las etiquetas prejuiciosas y vanales, los rencores y las manipulaciones. 

Si, amado Senjo, me salvaste de la obligación de tener que perpetuarme eternamente en una figura mitológica que ostentara la naturaleza propia del Sísifo griego, del candidato a suicida, cuyo destino no termina nunca de remitir porque descansa sobre leves momentos edificantes. En uno de esos momentos de lucidez y confrontación con la incertidumbre, me encontraste. Y yo te encontré a tí. Y juntos emprendimos el vuelo. Un vuelo rasante que siempre nos mantenía en constante peligro, ante la posibilidad objetiva de poder tocar fondo.

Niñez presurosa, inquisitivamente precoz, muy adelantada a su etapa cronológica en cada fase nueva de desarrollo de la madurez. Fuí una criatura inocente, emprendedora intelectual, imaginativa, lanzada y traviesa. 

Papá, no debiste haberlo hecho nunca. Nunca. En ese dormitorio de oscurantismo sexual y lascivo, de maltrato pederasta orquestado bajo la más insolente impunidad. Mamá, ¿por qué te escondías aterrada en la habitación de la literas con mis otros cuatro hermanos? ¿Por qué? No era todavía tan mayor, susceptible de ser raptada por los romanos, como las sabinas lo fueron en tiempos de Rómulo. Era todavía una niña. Una niña. Pero atención y perdóname si desfallezco al recordarlo, no había llegado mi hora ni la tuya, querido Senjo. No gozabas de posibilidades físicas desde los parámetros de tiempo y de lugar, en aquel momento, como para poder proyectarme la salvación. Ni por asomo. Afortunadamente, siempre fuí una gran y mayestática resiliente. Como todos los niños.

Estudiar filosofía constituyó el mejor método desde el que poder hacer hincapié en no encontrar trabajo de lo mío. Lo que supuso un error propio. Al fin y al cabo, particular; únicamente constitutivo de mi propiedad intelectual. ¿Lo comprendes, Senjo? Nadie me lo podría echar en cara. Porque lo decidió mi voluntad, en última instancia. De ahí, mi fijación por los mitos y después, por Freud. Se puede decir que una cosa me llevó a la otra. Y al estudio, en la práctica social de mi experiencia, del mito de Eros y de Tánatos y las pulsiones de vida y de muerte. Casi nada. Tan dialéctico como poco práctico. Pero exclusivo e indelegable. Un recurso que formaba parte de mi proyecto personal.

Llegado el momento de iniciar el doctorado, mi madre se tuvo que morir. Ocurrió esa vicisitud en muy mala época. Inoportunamente. Y resolví convertirme en una puta. Mi hermano me echó de casa, cambió la llave de la cerradura y ya no pude entrar. La justicia, ¿qué digo justicia?, la pleitesía que, anacrónicamente, han rendido los hombres al Estado y al Patriarcado, como fortalecimiento de la opresión hacia las mujeres y, en mi caso particular, para aquellas que han traficado con marihuana y heroína, habiendo sido grandes consumidoras en un período de vida no demasiado visceral y sí muy romántico e idealista, hicieron el resto en aquella coyuntura. O sea, que ni siquiera me atreví a presentar una denuncia en un juzgado de primera instancia. ¿Para qué? Si me era imposible oler el aroma pestilente a aberración que despedía mi hermano en cuanto lo tenía cerca. 

La prostitución, siempre se gestó con gente de confianza, mis relaciones con los demás, se perfilaron como una mera cuestión de supervivencia, a partir de entonces. De todos modos, mi hermano también intentó propasarse conmigo unas cuantas veces. En El Patriarca, me desintoxiqué con muy malos modos y metodología. Con directrices muy básicas y rudimentarias. Casi cavernícolas. A palo seco. Eran otros tiempos, justamente la etapa de finales de los ochenta y la que transcurre durante los inicios de la Ruta del Bacalao,  iniciada la década de los noventa.

Luego, me hice militante del PCE. Dice el Marxismo, entre otras cosas, que no hay comunistas sin partido. Y eso soy, una comunista de corazón que ahora mismo no está organizada en ningún partido del proletariado revolucionario pero que, como sucedáneo, participaba en actividades reivindicativas de la mano de la PAH. A fin de ayudar a los demás, sencillamente. En la actualidad, continúo haciéndolo.

Poco después, como colofón que constituye un merecido soplo de aire puro, llegasteis tú y la bondad intrínseca y connatural que forma parte de tí. Simbólicamente, podría plasmarse a través de una marca de agua, de un logotipo gráfico, de una bandera o de un estandarte. De muchas formas. Tu esencia resplandecía refinada, culta, metódica; en cambio, se gestaba de manera bastante desordenada en cuanto a sistema de vida, fisiológicamente hablando. Mi consumo de prebióticos y mi veganismo, así como la práctica deportiva, contrastaba notablemente con tu voraz apetito y tus consabidas subidas de colesterol y triglicéridos. No te favoreció en nada el flirteo con las drogas. Tu chica se encontraba de vuelta de todo, para bien. En cambio, tú, presumías ante los demás de ser un pragmático irreverente. 

Tus ingresos, a causa de las arritmias cardíacas, me dejaban sola prolongadas temporadas, semanas sin poder conversar contigo sobre los Poetas Malditos de la Generación Beat de los 50 o sobre tu autor favorito, Paul Auster. Si te digo la verdad, el único aspecto coincidente que le veía a este autor con respecto a mi literatura preferente, no era sino la connivencia del propio Auster con la influencia de escritores como Samuel Beckett y Kafka. Y vuelta al absurdo. Como no podía ser de otra manera. Y mira que intenté que te gustara, de forma razonada y concienzuda, mi literato fetiche, Bukowski, pero tú siempre me decías que practicaba un estilo demasiado soez y que, en definitiva, resultaba ser un exhibicionista literario, un oportunista. Pues que sepas que el mal que te aquejaba cuando empleabas dichos clichés y estereotipos conmigo, era esa patología ortodoxa que consistía en ser abducido por las teorías más puristas y convencionales, defendidas por eruditos y academicistas de renombre y prestigiado caché.

Porque, lo que yo sí tenía claro, era que Auster me parecía extremadamente complejo, por eso de escribir varias historias dentro de otra historia, el empleo de digresiones y el tipo de giros y desviaciones en paralelo. No me convencía demasiado. Más, luego pensaba, ¿qué diantre de fijación tendrá mi amor por los norteamericanos? Teniendo aquí en España a los clásicos del Siglo de Oro, para empezar y, yéndonos a la época actual, a los grandes de los grandes, como Cela, Delibes y, sin ir más lejos, a Carlos Ruiz Zafón o Arturo Pérez Reverte. Si hablamos de féminas magistrales, citaré a Rosa Montero, Almudena Grandes o Espido Freire. Y si me apuras todavía más, disfrutando estamos, en esta coyuntura literaria, de todo ese elenco de magníficos escritores indies o noveles que intentan abrirse paso en el mundillo y que ya tienen importantes títulos en su haber.

Meditaré sobre el asunto de la herencia, cariño. Si me decido a actuar en ese sentido, prometo investigarlo a fondo, primero que nada. Así me lo han pedido Andrés y Carmen. Ahora voy a bajar abajo, estarán sobando casi todos del pedo que deben de llevar encima. 

Me despido de tí, pero no definitivamente. ¿Sabías que jamás me gustó ir al club de lectura? Te dejaba vía libre para que dispusieses de tus actividades lúdicas como mejor considerases. Ahora, será más subliminal y poético, desgraciadamente. Vamos a tener ocasión de acariciar introspectivamente nuestros afanes y anhelos inconclusos, aunque tengan que materializarse a través de mi imaginación. Y eso, es todo por hoy, vida mía".


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-¡Qué bien! ¡No te he encontrado durmiendo la mona, Andrés!. ¿Y los demás? ¿Se han ido ya?

-No, yo... Bueno, si, ellos sí... esto... estaba esperando a que bajases. Le prometí a Carmen antes de irse que te llevaría a casa. Es decir, se lo propuse yo. Se sentía muy cansada. Además, ha tomado un taxi, no estaba en condiciones de coger el coche, como te podrás imaginar.

-¡Vaya tela, si son las doce del mediodía! ¡Se me ha pasado el tiempo muy rápido! Tú, en cambio, pareces más fresco que una rosa. ¿No has tomado nada?

-Pues no. No suelo hacer mucho el gilipollas. Los que vamos ya para los cincuenta, nos repensamos las cosas una y mil veces. Nada conveniente, por otra parte, al ir avanzando condicionados por la cuenta atrás, pero es lo que hay. Cosas de la edad. Bueno, a algunos no se nos nota apenas. Todavía estoy de muy buen ver. Y tú estás muy buena. Perdón, quise decir que eres una chica sumamente atractiva, además de excelente persona.

-No digas tonterías, aquí, quien más, quien menos, nos acercamos a los cincuenta. El grupo entero. Lo que acabas de argumentar es una excusa un poco ingenua, o bien, facilona, una de dos -dijo Paqui un tanto desconcertada por la cortesía de Andrés. 

Como contrapartida a tan explícitas palabras, un intento en vano de quitarle hierro al asunto, Paqui, tenía la corazonada de que se había quedado sobrio esa noche para hablar con ella a solas. Ambos lo deseaban desde hacía tiempo. La ocasión se presentaba propicia. 

-¿Qué... qué estás pensando al mirarme tan fijamente, Andrés? ¿Te pasa algo?

-Nada, mi niña. Que estás muy guapa. Dicho como mera observación. Así, tal cual.

-Ah... gracias -la oyó decir casi sin elevar la voz. 

Andrés, sonrió abiertamente. Ella, esbozó una ligera apertura de labios que mostraba felicidad. Sus miradas se prolongaron segundos interminables. Del rostro de Paqui asomaba un rubor intenso imposible de disimular. Finalmente, agachó la cabeza y carraspeó. Se apartó el pelo de la cara y se acicaló unos instantes el vestido. Eran señales inequívocas de que su voluntad se había plegado por completo al coqueteo y a la seducción de Andrés, si bien, bastante tímidamente.

-Voy a ir al grano ya, puesto que, observo que tú y yo, nos encontramos en perfecta sintonía -le aclaró él.

-¿Qué? -Pregunto nerviosa.

-Mira, Paqui. No quiero esperar más. Ya lo he pasado suficientemente mal estos últimos dos años. No te voy a engañar. Y como somos dos personas adultas, experimentadas, sensatas y necesitamos mucho cariño, me sinceraré, aunque quizá puedas pensar que voy muy rápido.

-¿Có... como dices? Pues... pues lo veo bien. Dime lo que... me tengas que decir. Adelante.

-Senjo no ha redactado ningún testamento -aseveró con el semblante muy serio.

-¿No? Me lo imaginaba, fíjate.

-Aunque ese no es el verdadero problema. Da gracias a que no te has declarado heredera. Porque, en realidad, vivió sus últimos años acuciado por las deudas. No te había dicho nada, el muy imbécil. Quizá esperaba que el tema se arreglara, qué se yo... Hay personas que parecen, a simple vista, extremadamente inteligentes y luego, resulta que son de lo más palurdas. Sería el caso de Senjo, con todos mis respetos hacia su difunto espíritu, que en paz descanse. 

-Entiendo. Ese era el motivo por el que parecias sentirte molesto. 

-Si. Si te digo la verdad, estaba más cabreado que el casero del Fugitivo. Pero con Senjo en el hospital, muriéndose, no quería echar más leña al fuego y que esa circunstancia añadida pudiera preocuparte en exceso. Así que, debía esperar. No se lo quise decir a Carmen porque ya la conoces, siempre encuentra una razón lógica para refutar cualquier cosa que yo diga que le pueda parecer conspiranoica o demasiado radical. Pero, lo cierto, es que me lo confesó él mismo. Antes de la recaída.

-Pues no sé qué decir, no me esperaba esto, la verdad... Y ¿qué tal lo llevas ahora, desde el momento en que me lo has podido contar?

-No me siento muy orgulloso de mi comportamiento. Dejé de hablarle, ¿sabes? Durante estos últimos meses, no mantuvimos contacto ninguno, porque a mí no me dió la real y santísima gana, a pesar de que él sí se mostró muy receptivo. De hecho, insistió de manera persistente para que nos reuniéramos, hasta que sobrevino su ingreso hospitalario.

Paqui, no se reconocía. Los sentimientos contradictorios, confluían en su interior revoloteando caprichosamente de un elemento a otro, intentando decidirse entre lo políticamente correcto y sus más sinceros deseos. Pero, igual que le sucedía ahora, no se había atrevido nunca a mostrarlos, por no verlos reflejados en su manera de actuar y de comportarse. La presencia de Senjo la obnubilaba. No cuestionaba determinadas decisiones por considerarlas tabú como, por ejemplo, el hecho de que el instinto maternal desarrollara, en ella, un intenso deseo de ser madre, a sus 43 años. Sin embargo, iba acumulándose en el subconsciente un falso pudor que, a su vez, se unía a la necesidad imperiosa de corresponder a su ángel de la guarda, a través del deber cumplido y del agradecimiento por los favores prestados. Por eso, ni Senjo, ni Paqui, se sentían legitimados para romper el pacto. Era impensable que ambos llegaran a mantener relaciones sexuales. Ni se les había pasado por la cabeza. Lo habían hablado en diversas ocasiones, logrando extraer la conclusión definitiva de que no existía ninguna atracción física entre los dos. Su amor, era como el amor cortés medieval, pero con un contrato implícito sellado a viva voz. 

Para ella, Senjo lo era todo y nada, a la vez. En esencia, conformaba la imagen de un anciano ancestral, sabio. El padre, como figura arquetípica y el incesto, como paradigma del Patriarcado, se encontraban muy presentes en el esquema mental de ambos.

Y, al mismo tiempo, Paqui, acababa de sentirse traicionada en cierto modo, por Andrés. Al parecer, no esperaba que el centro de su interés quedara reducido únicamente al papel de protegerla como una hermana, y no como una novia o una amante.

-Creo que debo irme. Ya hablamos, Andrés. 

-Un momento, chiquilla. ¿A dónde vas? ¡Si vivo lejos de la urbanización Fuente del Jarro! ¡El metro no pasa cerca de aquí...!

-Da igual, llamaré a radio taxi. Que vengan a por mí.

-Que no, teta. Que te llevo a tu casa....

-De veras, no quiero molestarte. Ya cojo el taxi. Hablamos mañana. Tú, descansa. Hazme caso. 

-¿De qué vas, de madre protectora? ¡Joder, que no es eso!

-¡No hace faaaaalta! ¡De veeeeeras! -soltó enfáticamente.

-Quiero que te quedes.

-¿Por qué?

-¡Joder! !Que no es solo porque se lo haya prometido a Carmen! -respondió. 

El hombre se encontraba tan preocupado que no parada de sudar a conciencia.

-Ah, ¿no? ¿Por... por qué, entonces?

-¡Rediós! ¡Porque quiero confesarte algo muy importante...!

-¿A mí...?

-¡No, a mi tía Tomasa, no te jode! De verdad, Paqui.... ¿Es que aun no te has dado cuenta? Un poco lela si que eres para estas cosas. Parece mentira, hija... -dijo con intencionada elocuencia.

Paqui empezó a reír de forma descontrolada debido a los nervios. -Vaya, qué fuerte!- acabó por señalar un tanto descolocada.

-Sí, qué fuerte, ¿eh? Parezco un colegial con las hormonas disparadas.

Paqui siguió con su risa nerviosa, sin saber exactamente dónde debía colocar la mirada.

-Paqui, mírame a los ojos, cariño. 

-¿Si? Díme... ¿Andrés...?

-Estoy... estoy enamorado de tí. Verás... Me ocurre esto desde el día en que te conocí. Empezaste a hacerme tilín nada más verte. Pero, un tilín exagerado... porque... ¿sabes qué? Que cuando Senjo nos presentó en el Café Lisboa, ¿te acuerdas?... que yo me estaba tomando un tercio de Maho con el hermano de Carmen... pues... recuerdo que el hecho de contemplar a una mujer preciosa, como tú y, tener que saludarte, hizo que me levantara torpemente y tropezara con el bordillo de la mesa, de modo que, volqué el vaso de cerveza sobre Eugenio. Ni qué decir tiene, que me puse rojo como un tomate. En cambio, tú, sin darle importancia ninguna y después de prestarle un pañuelo al pobre Eugenio, me propinaste dos besos que me parecieron el delicado impacto de dos gotas de refrescante y delicioso rocío sobre mis anteriormente apagadas mejillas y que fue lo más maravilloso que me había pasado en un mes, absolutamente depre para mí; al cabo de lo cual, inmediatamente, me preguntaste si la chaqueta que llevaba me la había comprado en Zara, porque era igualita a una que había adquirido Senjo de esa tienda, hacía pocos días. Desde entonces, ya no he vuelto a mirar a ninguna otra mujer. Para que veas lo que es el amor... y... bueno, pues eso...

Después de la perorata, Paquí, la soberana y valiente Paquí, la incrédula, la fuerte, la victoriosa, la luchadora, la trabajadora paupérrima, una oprimida camarera que trabajaba diez horas hasta hace dos años por 600 euros al mes, la inconformista activista, la buena de Paqui, se había quedado petrificada, observando el semblante de Andrés como una auténtica boba, al tiempo que le sonreía con extremada dulzura. 

Enseguida, sin apartar la visión periférica de su contorno, comprendiendo que el sentimiento era totalmente recíproco, Andrés, se fue acercando despacio hasta la chica, dispuesto a fundirse con ella en un reconfortante abrazo. Los dos estuvieron largo rato abrazados, fusionados cuerpo a cuerpo, acariciándose tiernamente y sin mediar palabra. Gracias a la compensación relajante, que les otorgaba el hecho de experimentar físicamente el contacto pleno y a una pasión eléctrica, que crecía por momentos, comenzaron a prodigarse besos intensos, primero, a intérvalos cortos, después, juntando sus labios ininterrumpidamente, hasta traspasar todas las fronteras del deseo, escuchando únicamente el eco de sus respiraciones y jadeos. Ya nada podía enturbiar el consiguiente proceso de conocimiento mútuo. Había llegado la hora de la verdad. Y de demostrarlo, al fin.

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REVOLUCIÓN INDUSTRIAL: POEMA SANGRIENTO

  Trabajando con fuego y acero, del telar a la máquina, del cultivo, al montaje, lo que se urde en la cadena me fabrica la mortaja. Es la producción denigrante, que adiestradamente cambia, mi tierra por un patrón,  el trigal por un centavo, creando miseria al esclavo,  en fábricas y talleres. Ni siquiera el Infierno contempla, reinado de Don Banquero, con las huelgas no nos queda,  sopa, tocino o pan negro. Por eso mujeres y niños, que son los nuevos obreros, en carromato viajan hacia el Mitin de San Pedro. La Revolución Industrial crece, y aumenta la demografía; hambre con explotación se alía, en un opio de 14 horas por la sangre derramada. El Proletariado nace, se hace con fuego y acero..


China Crisis - Working with fire and steel


-->  Coméntame qué te ha parecido el post y yo te responderé encantada. ¡No olvides que en este blog lo más apreciado eres TU! Queridos amigos, seguidores y lectores: como habréis observado se ha cambiado el sistema de comentarios. Ahora en este blog se ha implementado DISQUS. …

LAS NUEVAS PLANTILLAS DE BLOGGER, MUCHO MAS PROFESIONALES

Como sabéis, este blog es literario y cultural y no suele tocar cuestiones relacionadas con el diseño o la programación en html, entre otras cosas, porque no es su función, ni es mi campo. Para nada soy una entendida en esos temas. Sin embargo sí he hecho algunas excepciones puntuales, siempre bajo mi experiencia y uso. Cuando he tenido que realizar alguna modificación o emplear alguna técnica concreta que varía el aspecto de alguna sección, entonces he hecho una entrada especifíca hablando de ello. Para eso tengo una apartado dedicado a esta labor que podéis encontrar en una de las pestañas del Menú de cabecera: Blogging
En esta ocasión quiero hablaros de un tema interesante a este respecto y que puede venirnos bien a quienes pertenecemos a Blogger.
Hace días nos llegó el aviso de que había nuevas plantillas para usar. Estas plantillas son compatibles con todos los dispositivos, pantallas (cualquier resolución) y sistemas operativos.
Lo que ha hecho Blogger ha sido implementar nuevos …

LA TECNICA CUT UP (O DE RECORTES) QUE USO DAVID BOWIE PARA ESCRIBIR SUS CANCIONES

La técnica Cut Up (o de recortes) que usó David Bowie para escribir sus cancionesTuitéalo

¿Puede el lenguaje literario ser transformado, modificado o recreado en nuevas formas de expresión literaria?
El lenguaje literario puede ser transformado, manipulado o modificado hasta el infinito a través de las figuras literarias y de los recursos estilísticos. Se pueden explorar y experimentar novedosamente, sin acotaciones ni límites, los valores y criterios aspectuales y semánticos (de significado) de las palabras e incluso realizar asociaciones con un grado relativo de libre desarrollo, incluso elevado al máximo nivel. El estilo y su progresión evolutiva implican un esfuerzo de búsqueda de nuevas posibilidades o de consolidación estructural de las distintas formas de expresión.
Hay que partir de que en literatura está contado ya prácticamente todo. En cuanto a contenido, nada virginal, nuevo o novedoso puede añadirse a la experiencia acumulada en el tiempo, nada que no se haya pensado o artic…

UNA NOCHE SOÑÉ QUE OVIDIO ME HABLABA DE AMOR. 3.- TRASCENDER

Era como si su cuerpo, conectado a su mente, en ese momento, estuviese inundado de miles y miles de vórtices o chakras activos que conformaban un holochakra o cuerpo de energía. Precisamente, su energosoma le indicaba que, él, era la identidad conformada de esa persona que le gustaba desde hacía un tiempo. Le había dicho claramente a Matilde un "Si, me gustas", respondiendo a la inquietante pregunta de ella: "¿Te gusto?"
Julio era su compañero de trabajo desde hacía dos meses. Había entrado a sustituir una baja, de modo que solo había firmado un contrato temporal, renovable, si el otro chico ampliaba dicha baja laboral.
Todo aquello que parecía ser corroborado con la mente, sin embargo, no relucía de modo práctico y en los hechos. El día a día era monótono y aburrido en aquellas oficinas. Y, paradójicamente, ni Julio, ni Matilde, habían cruzado jamás palabra alguna, fuera de los momentos puntuales en los que debían de coincidir para alguna tarea en común o, en aquell…

EL PODER DEL LOBO SOLITARIO. LA SOLEDAD BUSCADA.

El término "lobo solitario" es un binomio de dos palabras que al unirse forman un concepto abstracto que merece cierta consideración. También denota una acepción popular dentro de un contexto sociológico concreto.  Definir qué son exactamente los lobos solitarios utilizando una terminología rigurosa parece de entrada sencillo, aunque cabe precisar ciertos criterios para establecer su verdadero sentido. Lo primero que nos puede venir a la cabeza como personificación representativa es que se describe a un grupo de personas con características y rasgos singulares cuya connotación aparece claramente demarcada por el propio concepto que lo define, esto es, personas que viajan en el sempiterno camino experiencial de la vida con un criterio unívoco y con una determinada orientación independiente, con su soledad a cuestas y que luchan sagazmente por situarse en equilibrio bajo un mundo globalizado y socialmente adaptado para la interacción colectiva. Por tanto, no se puede eludir que…

HAIKUS, PEQUEÑOS SOPLOS DE VIDA NATURAL

-"Ven, toma", grité, y el perro del trineo se arrastró hacia mí.
En pared, duermes. Abril del caracol. Cama húmeda.
Oleo esbozado por pintor de paisajes: Sorolla y playa.
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ANALISIS DEL CORTO "LA CABINA"

HAY UN SPOILER CUANDO COMIENZA EL VIDEO, QUE  EXPLICA EN SINTESIS EL SIGNIFICADO DE LA CABINA Y COMO SE RODO.
RECOMIENDO EMPEZAR EL VISIONADO A PARTIR DE9:23Y RETROCEDER HASTA SU INICIO DESPUES, PARA DESCUBRIR EL ANALISIS DEL   DIRECTOR Y DEL ACTOR.                                                    


RESEÑA CINEMATOGRAFICA DE
 "LA CABINA"
[TAMBIEN CONTIENE SPOILERS. RECOMIENDO  VER LA PELÍCULA PRIMERO. SU DURACION ES DE 35 MINUTOS]
Título: La Cabina
Título original: La Cabina
Formato cinematográfico: Mediometraje 
Nacionalidad: España Año: 1972 Duración: 35 minutos Género: Terror psicológico Estreno: 13 de diciembre de 1972 Presupuesto: 4.000.000 pesetas Financiación: Televisión española (TVE) Distribuidora: Televisión española (TVE) Productora: Televisión española (TVE) Dirección: Antonio Mercero Producción: José Salcedo Guión: Juan José Plans José Luís Garcí Antonio Mercero Dirección artística: Antonio Sainz Montaje: Javier Morán Música: Carl Orff Fotografía: Federico G. Larraya Producción: José Sa…

EL SENTIDO DE LA MUERTE. MORIR EN LA LITERATURA

Francisco de Goya - Saturno devorando a su hijo  Imagen con licencia Creative Commons
La muerte ha sido desde tiempos de la Prehistoria un motivo recurrente de desasosiego. La ritualística, los sentimientos entrelazados, el duelo, el pensamiento simbólico recreado en torno a la figura de los antepasados, las diversas manifestaciones de homenaje a los muertos, la significación del misterio, su meta y su fin, son todos ellos factores que han generado un enorme impacto cognoscitivo en la conciencia colectiva de las diversas comunidades tribales y en la dinámica del conocimiento. También el concepto de muerte ha sido desarrollado por la Gnoseología ya que el conocimiento humano en general puede estar fundamentado con otros conocimientos particulares. 

Lo que unifica a las múltiples civilizaciones coexistentes es el impacto social que ha tenido y sigue teniendo la muerte desde mucho antes de encontrarse los primeros indicios de escritura. Prueba de ello son los hallazgos arqueológicos de rest…

"EL GRITO" DE MUNCH, MUCHO MÁS QUE UN CUADRO

Creo que todos o prácticamente todos, conoceremos la archifamosa obra pictórica"El Grito", deEduard Munch,que fue un pintor y grabador noruego nacido en 1863. El cuadro se enmarca dentro de lacorriente expresionista.
Al igual que le sucede a mucha gente, siempre me llamó la atención este cuadro por la fascinación que desprende y por su visualidad y expresividad. Se podría catalogar como la caracterización más genuina de la angustia humana en el terreno pictórico. De hecho, Munch, guarda otras obras con esta temática. Como no soy experta en obras de arte, ni en pintura y mucho menos una purista de la ciencia artística, dejaré en manos de los expertos y críticos el análisis más formal del legado de este cuadro. Voy a limitarme en este post a exponer detalles, esbozos psicológicos, curiosidades y otras ideas originales derivadas de la representación de El Grito,así como los elementos y manifestaciones que hayan podido influir con posterioridad y como repercusión. De entrada, os …